cómo ahorrar combustible en una flota

Cómo ahorrar combustible en una flota de transporte

El combustible es uno de los principales costes que debe controlar cualquier empresa de transporte. Cuando una compañía gestiona varios camiones, furgonetas o vehículos comerciales, pequeñas diferencias en el consumo de cada unidad pueden convertirse en miles de euros al año. Por eso, saber cómo ahorrar combustible en una flota no consiste únicamente en buscar el precio más bajo por litro, sino en gestionar de forma eficiente cada kilómetro recorrido y cada repostaje.

El contexto actual hace que esta cuestión sea todavía más importante. El precio del diésel en España continúa sometido a una elevada presión y ha registrado importantes incrementos en las últimas semanas. El boletín petrolero europeo recogido por medios españoles situaba recientemente el precio medio del diésel en España en torno a 1,83 euros por litro.

Ante esta situación, las empresas de transporte tienen diferentes vías para reducir el impacto del combustible sobre sus costes. La conducción eficiente, el mantenimiento de los vehículos, la optimización de rutas, el control del consumo y una correcta gestión de los repostajes forman parte de una misma estrategia.

Por qué es importante reducir el consumo de combustible de una flota

En una flota profesional, el consumo no depende únicamente del precio del carburante. También influyen los kilómetros realizados, el tipo de vehículo, el peso transportado, la orografía, el tráfico, el estilo de conducción y el estado mecánico.

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) señala que existen dos grandes vías para mejorar la eficiencia energética de una flota: reducir los kilómetros recorridos que no sean necesarios y disminuir el consumo por cada kilómetro realizado.

Por tanto, una empresa que quiera reducir su factura de combustible debería trabajar sobre diferentes áreas:

  • Reducir los kilómetros en vacío.
  • Optimizar las rutas.
  • Mejorar los hábitos de conducción.
  • Mantener correctamente los vehículos.
  • Controlar el consumo de cada unidad.
  • Planificar los repostajes.
  • Utilizar herramientas profesionales para gestionar el combustible.

La ventaja es que muchas de estas medidas no requieren realizar grandes inversiones. En numerosos casos, mejorar la gestión y controlar los datos puede ser suficiente para detectar ineficiencias que estaban pasando desapercibidas.

Cómo ahorrar combustible en una flota con conducción eficiente

El comportamiento del conductor tiene una influencia directa sobre el consumo. Aceleraciones innecesarias, frenazos bruscos, velocidades poco adecuadas o una utilización incorrecta de las marchas pueden incrementar el gasto de combustible.

La IRU destaca la conducción eficiente como una de las herramientas para mejorar el rendimiento de las flotas y señala que una formación adecuada puede conseguir mejoras de eficiencia de combustible de hasta un 15%, dependiendo de las condiciones y del tipo de operación.

Entre las principales prácticas de conducción eficiente se encuentran:

  • Mantener una velocidad lo más constante posible.
  • Anticiparse al tráfico para evitar aceleraciones y frenazos innecesarios.
  • Aprovechar la inercia del vehículo cuando las condiciones de seguridad lo permitan.
  • Utilizar correctamente las marchas.
  • Evitar aceleraciones excesivas.
  • Reducir los periodos de funcionamiento innecesario al ralentí.
  • Adaptar la conducción a la carga y a las condiciones de la carretera.
  • Utilizar correctamente los sistemas de asistencia a la conducción disponibles.

No se trata de que el conductor circule más despacio de forma indiscriminada. El objetivo es conseguir que cada litro de combustible se transforme en el mayor número posible de kilómetros productivos manteniendo siempre la seguridad y los tiempos de servicio.

Controlar el consumo de cada vehículo

Uno de los errores más habituales en la gestión de combustible es analizar únicamente cuánto dinero gasta la empresa al mes.

Ese dato es insuficiente.

Una flota debe conocer cuánto consume cada vehículo y, especialmente, cómo evoluciona ese consumo a lo largo del tiempo. Una referencia habitual es medir los litros consumidos por cada 100 kilómetros.

Por ejemplo, si un camión recorre 500 kilómetros y consume 150 litros, su consumo medio será:

150 ÷ 500 × 100 = 30 litros/100 km

Esta métrica permite comparar vehículos similares, detectar desviaciones y establecer objetivos realistas.

Es recomendable controlar indicadores como:

  • Litros consumidos por vehículo.
  • Litros cada 100 kilómetros.
  • Coste de combustible por kilómetro.
  • Kilómetros recorridos.
  • Kilómetros en vacío.
  • Número de repostajes.
  • Litros repostados.
  • Evolución mensual del consumo.
  • Diferencias de consumo entre vehículos similares.

El objetivo no debe ser simplemente identificar qué vehículo consume más, sino averiguar por qué consume más.

Un aumento de consumo puede estar relacionado con el estilo de conducción, el tipo de ruta, una mayor carga, problemas de mantenimiento o una anomalía mecánica.

Optimizar las rutas para reducir el consumo

Recorrer menos kilómetros es una de las formas más directas de consumir menos combustible.

Una ruta aparentemente más corta no siempre es la más eficiente. El tráfico, las pendientes, los tiempos de espera, los peajes y las condiciones de circulación pueden modificar considerablemente el consumo final.

El IDAE recomienda tener en cuenta factores como la distancia, la congestión, la orografía y la elección del vehículo para optimizar las rutas de una flota. También destaca la importancia de reducir los kilómetros realizados sin carga.

Por ello, antes de planificar una ruta conviene analizar:

  • Distancia total.
  • Tiempo estimado.
  • Tráfico habitual.
  • Pendientes y orografía.
  • Peajes y restricciones.
  • Posibilidad de realizar cargas de retorno.
  • Puntos de repostaje disponibles.
  • Lugares adecuados para realizar las paradas necesarias.
  • Características del vehículo que realizará el servicio.

La optimización de rutas no solo permite reducir el consumo de combustible. También puede mejorar la productividad de los vehículos y reducir los tiempos improductivos.

Mantener los vehículos en buenas condiciones

El mantenimiento tiene una relación directa con el consumo de combustible.

Un vehículo que no se encuentra en condiciones adecuadas puede necesitar más energía para realizar el mismo recorrido. Los neumáticos, filtros, lubricantes, sistemas de alimentación, aerodinámica y otros elementos deben formar parte del programa de mantenimiento preventivo.

La presión de los neumáticos merece especial atención. Circular con una presión incorrecta aumenta la resistencia a la rodadura y puede incrementar el consumo, además de acelerar el desgaste.

Por eso, dentro de un programa de gestión de flotas es recomendable:

  • Revisar periódicamente la presión de los neumáticos.
  • Controlar el desgaste de las cubiertas.
  • Sustituir filtros según las recomendaciones del fabricante.
  • Realizar las revisiones mecánicas correspondientes.
  • Detectar rápidamente averías o anomalías.
  • Revisar elementos aerodinámicos.
  • Evitar transportar peso innecesario.

La eficiencia no depende únicamente del conductor. Un buen mantenimiento permite que el vehículo trabaje en condiciones adecuadas y evita que determinados problemas terminen convirtiéndose en un sobrecoste permanente.

Reducir los kilómetros en vacío

Un camión que circula sin carga consume combustible sin generar directamente ingresos asociados al transporte de mercancías.

Por este motivo, reducir los kilómetros en vacío es uno de los objetivos más importantes para cualquier empresa de transporte.

La planificación de cargas, la coordinación entre rutas y la búsqueda de cargas de retorno pueden ayudar a aumentar el porcentaje de kilómetros productivos.

Además, la selección del vehículo también es importante. No siempre tiene sentido utilizar el vehículo de mayor capacidad para un servicio que puede realizarse con una unidad más pequeña y eficiente.

La IRU también identifica la maximización de la carga útil y la reducción de los kilómetros en vacío como medidas relevantes para mejorar el coste total de explotación de los vehículos.

Planificar los repostajes de la flota

Ahorrar combustible no significa únicamente consumir menos litros. También significa gestionar mejor el dinero destinado al carburante.

En una empresa con varios vehículos, dejar que cada conductor decida dónde y cuándo repostar puede dificultar el control del gasto. Las diferencias de precio entre estaciones, los repostajes no planificados y la falta de trazabilidad pueden acabar teniendo un impacto significativo.

Una política de repostaje profesional debería establecer criterios claros:

  • Dónde repostar.
  • Qué tipo de combustible utilizar.
  • Qué vehículo realiza cada operación.
  • Qué límites de consumo existen.
  • Cómo se registra cada repostaje.
  • Cómo se controlan las desviaciones.
  • Cómo se centraliza la información.

Aquí es donde las tarjetas de combustible para flotas pueden convertirse en una herramienta de gestión, además de un medio de pago.

Las tarjetas de combustible como herramienta de ahorro

Una tarjeta profesional no reduce por sí sola el consumo del camión. Su valor está en permitir un mayor control sobre el combustible y facilitar la gestión de los repostajes.

Las tarjetas Norpetrol están orientadas específicamente a profesionales, autónomos y empresas de transporte. Entre sus funcionalidades se incluyen el control mediante PIN, límites de repostajes y litros, operativa 24 horas y opciones específicas para profesionales.

Además, Norpetrol dispone de soluciones que permiten centralizar la gestión de los repostajes y acceder a condiciones profesionales de combustible. La tarjeta Profesional, por ejemplo, está diseñada para flotas y empresas de transporte y está dada de alta en el Censo de Tarjetas de Gasóleo Profesional para la devolución del Gasóleo Profesional.

Para una empresa, esto puede facilitar el control de aspectos como:

  • Qué vehículo ha repostado.
  • Cuándo se ha realizado la operación.
  • Cuántos litros se han suministrado.
  • Cuántos repostajes se realizan.
  • Qué gasto genera cada vehículo.
  • Dónde se concentra el consumo.
  • Qué desviaciones deben analizarse.

De esta manera, la tarjeta pasa de ser simplemente un método de pago a formar parte de una estrategia más amplia de gestión de combustible para flotas.

Cómo puede ayudar Norpetrol a una flota a controlar mejor el combustible

Para ahorrar combustible en una flota es necesario actuar sobre el consumo y sobre el coste de adquisición del carburante.

Norpetrol trabaja específicamente con las necesidades del transporte profesional y dispone de tarjetas de combustible dirigidas tanto a autónomos como a empresas con flotas. Su red permite realizar repostajes durante las 24 horas y dispone también de soluciones para profesionales que realizan rutas internacionales.

Esto permite integrar el repostaje dentro de la propia planificación de la actividad.

La estrategia puede resumirse en cuatro pasos:

  1. Medir cuánto consume cada vehículo.
  2. Detectar dónde se producen las desviaciones.
  3. Optimizar conducción, rutas y mantenimiento.
  4. Controlar dónde, cuándo y cuánto se reposta.

La combinación de estas medidas permite trabajar sobre el coste total del combustible desde diferentes perspectivas.

Un ejemplo práctico de ahorro en una flota

Imaginemos una empresa con 20 camiones que recorren 100.000 kilómetros anuales cada uno.

Si cada vehículo consigue reducir su consumo en solo 1 litro cada 100 kilómetros, el ahorro anual sería:

100.000 km ÷ 100 × 1 litro = 1.000 litros por camión

Para una flota de 20 vehículos:

1.000 × 20 = 20.000 litros de combustible al año

El ahorro económico dependerá del precio del combustible, pero el ejemplo demuestra una cuestión importante: una pequeña mejora de consumo multiplicada por muchos vehículos y muchos kilómetros puede tener un impacto considerable.

Por eso es más interesante trabajar con indicadores de eficiencia que limitarse a intentar encontrar unos céntimos menos por litro.

Qué indicadores debería controlar una empresa de transporte

Una gestión profesional del combustible necesita datos. Sin medición, resulta muy complicado saber si las medidas implantadas están funcionando.

Entre los principales datos que puede controlar una flota se encuentran:

  • Consumo medio en litros/100 km.
  • Coste de combustible por kilómetro.
  • Litros consumidos por vehículo.
  • Coste mensual de combustible.
  • Kilómetros recorridos.
  • Kilómetros en vacío.
  • Consumo por tipo de ruta.
  • Consumo por vehículo.
  • Consumo por conductor.
  • Evolución del consumo respecto a meses anteriores.

El objetivo es convertir los datos de combustible en información útil para tomar decisiones.

Si un vehículo similar al resto de la flota presenta sistemáticamente un consumo superior, puede ser necesario revisar su mantenimiento, sus rutas o los hábitos de conducción asociados.

Ahorrar combustible también significa reducir emisiones

Reducir el consumo de combustible tiene una consecuencia directa sobre las emisiones asociadas al transporte.

Por ello, las medidas de eficiencia energética pueden formar parte de una estrategia de descarbonización de una empresa de transporte. La IRU señala que las medidas de eficiencia no deben considerarse únicamente como una solución futura, sino como actuaciones que pueden aplicarse desde hoy mientras se produce la transición hacia nuevas tecnologías y combustibles.

Esto es especialmente relevante para empresas que todavía utilizan vehículos diésel y necesitan reducir sus costes y emisiones antes de realizar inversiones en nuevas tecnologías de propulsión.

La eficiencia, por tanto, puede ser un primer paso hacia una movilidad más sostenible sin necesidad de transformar toda una flota de forma inmediata.

Saber cómo ahorrar combustible en una flota requiere una visión global. No existe una única medida capaz de solucionar el problema. El ahorro se consigue sumando pequeñas mejoras en la conducción, el mantenimiento, las rutas, la utilización de los vehículos y la gestión de los repostajes.

Las empresas de transporte pueden empezar por conocer con precisión cuánto consume cada vehículo y cuánto cuesta cada kilómetro. A partir de ahí, resulta más sencillo detectar ineficiencias y establecer objetivos de mejora.

La conducción eficiente, la reducción de kilómetros en vacío, el mantenimiento preventivo y la planificación de rutas son algunas de las medidas con mayor potencial. A ellas se suma el uso de herramientas profesionales para controlar los repostajes y gestionar el gasto en carburante.

En este último punto, las Tarjetas Norpetrol pueden ayudar a empresas y profesionales a centralizar y controlar sus repostajes, acceder a condiciones específicas para el transporte profesional y mejorar la gestión diaria del combustible.

En un escenario en el que el precio del combustible puede cambiar rápidamente y el carburante continúa representando una parte importante de los costes del transporte, controlar cada litro es también una forma de proteger la rentabilidad de la empresa.

Para una flota, ahorrar combustible no significa únicamente gastar menos. Significa gestionar mejor cada vehículo, cada ruta y cada repostaje.

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